Déjame sin alma

Escena I

ANDREA: Soy una más de las miles de madres que deseamos lo mejor para nuestros hijos. Un hijo es lo que más duele en el mundo. Yo he luchado por el mío y aunque ya no tenga fuerzas y sólo piense en morir, lo seguiré haciendo aunque que él no quiera. Hace un mes que mi marido lo ha echado de casa. No paro de llorar desde entonces. Ese es el precio que hay que pagar por un angustioso rato de paz. La convivencia se fue agotando hasta que se volvió insoportable. Las peleas se repetían desde que entraba por la puerta de casa. Te pasas las horas buscando un culpable y no se arregla nada con eso. Cuando te das cuenta simplemente ya es tarde. Te levantas un día y ya nada es igual.  Entonces todo se viene abajo. Poco a poco se te ha ido de las manos y ya no sabes qué hacer. Se te va de las de las manos… pero no del corazón…

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Asesino del amor

PRIMER ACTO

 Laura esta sentada en medio de la sala. Su padre no deja de moverse a su alrededor. La tensión estalla entre padre e hija. Discuten acaloradamente. Los nervios y el enfado narran el fracaso de una relación que se rompe sin remedio.

 Miguel: ¡Me has mentido! ¡Me has faltado al respeto!

 Laura: ¡Que yo no te he faltado al respeto!

 Miguel: ¡Y aunque no lo creas te has faltado al respeto a ti misma! ¡No tienes edad para hacer lo que te de la gana! ¡No puedes desobedecer y no esperar las consecuencias! ¡Mientras  estés en esta casa vas hacer lo que yo te diga! 

 Laura: No puedes retenerme aquí toda la vida. Dentro de dos meses seré mayor de edad y entonces ¿qué? ¿Vas a retenerme encarcelada? 

 Miguel: Serás mayor de edad cuando yo lo diga.

 Laura: ¿En serio crees que me puedes tener castigada toda la vida? ¿Es que no ves qué pasa con todos los que te rodean?

 Miguel: ¿Qué?

 Laura: ¿No te das cuenta que tu fracaso como padre nos aleja?

 Miguel: ¡Venga ya Laura!

 Laura: ¡Mamá y Elena también se marcharon de casa porque no te aguantaban!

 Miguel: ¡No tiene nada que ver! No confundas las cosas. Si ellas se fueron fue porque…

 Laura: ¿Por qué? ¿Porque te has pasado la vida sin saber que existíamos y sin conocernos en absoluto? 

Miguel: ¡Porque lo único que hecho es trabajar para ustedes renunciando y sacrificando mi vida! No me eches en cara mi paternidad como si fuera un despojo. No me juzgues acomodada con tu ordenador en tu cuarto, tu ipod, tu cámara digital y tus viajes a Irlanda cada verano. No puedes elegir una educación a la carta esperando que aplauda tus absurdas decisiones. Se coherente, anda, y muéstrame un poco de respeto y sensatez que  sigo siendo tu padre aunque mi matrimonio no funcione.

A tope

 Escena I

Javier: ¡Estoy harto! Me siento imbécil. Vaya mierda de partido. Un minuto en cancha y me vuelve a sentar.

 Eva: No te agobies ya volverás a jugar. En cuanto se lo demuestres seguro que pisas cancha. Yo no te vi tan mal.

 Javier: Pues explícaselo porque encima me dice que me falta rendimiento delante de todos. Sólo me ha dejado jugar 10 minutos  en cinco partidos. Ni un puto cuarto ¿Cómo quiere que rinda si es que no me deja jugar más? No anoto una canasta desde el año pasado. Me dice que me esfuerce y que no cojo posición pero, ¿cómo demonios lo hago? ¡Qué no tengo dribling, que no tengo salto y que parece que estoy colocado!

 Eva: Ten paciencia. A nadie le gusta estar en el banquillo. Lo peor que puedes hacer es llevarle la contraria. Es el entrenador y no te queda otro remedio que hacerle caso.

 Javier: ¡Si ya lo sé! pero no creo que esas sean las formas. No me gusta su manera de presionar. Me dice que no llego y que me falta entrenamiento.

 Eva: A lo mejor es por eso mismo. Hace tres semanas que empezaste de lleno, pero los últimos meses faltaste a un montón con los ensayos del grupo. Te está probando  hasta que vuelvas a estar en forma.

 Javier: ¿Tú crees? Pues bien clarito le dije que si había problema con eso y me dijo que no. Desde luego que si me está castigando por eso es injusto. Además sólo falté los martes.

 Eva: ¡No! Los martes y también los jueves…

Escribo mi propia historia

ESCENA I

Marta: Corre tía ¡Esto es muy fuerte! Pero corre, corre.

Ana: ¡Jo! Para un poco que tengo el desayuno pegando brincos

Marta: No te lo vas a creer. He ligado o por lo menos eso creo.

Ana: Y para eso me haces correr los cien metros lisos ¿Cómo se llama? ¿Orlando Bloom?

Marta: ¡Ja, ja! En serio, el tío ayer me soltó unas cosas que aun sigo flipando.

Ana: Tu flipas por cualquier cosa.

Marta: No, en serio. Es una pasada. Creo que es un flechazo.

Ana: Si, un flechazo pero directo a la neurona que te queda. Un tío que has conocido ¿cuándo? ¿Ayer?

Marta: Anoche para ser más exactos. Tía me metí en un chat…

La garnacha

ESCENA I

Sentado a la diestra de la mesa se haya apoltronado mientras aguarda la cena, un fraile. Espera que los alimentos menesterosos apliquen a su rostro el color perdido por el viaje. Isabela termina de prepara el condumen. Despacha la jarra de vino, coloca el pan sobre la paleta del cordero asado y le presenta a éste el plato enjugado en una salsa de vinillo blanco tempranero entre nabos de la huerta. Coloca el plato ante la casulla y un vasito en el que le dispensa el vino.

 ISABELA:     Aquí tenéis, fraile, el cordero que quita el pecado del mundo.

FRAILE:        ¡Señora, Dios os conceda ante mí buena vida! Ya que si esto, que no lo dudo, sabe como se ve, he de deciros que de un golpe me quitará no sólo el hambre que arrastro, sino los pecados…que conozco.

ISABELA:      Chupad hasta los huesos, que este es el último plato que me tengo por ofreceros en este día, ya que la venta ha sido portentosa y más que por mucho he matado dos corderos y tres gallinas pasado el mediodía, no he parado de guisar y servir a más de mil bocas embabadas.

FRAILE:        Sabrán de vuestra fama, señora, y a tan rico olor habrán imaginado el sabor.

ISABELA:      Tened en cuenta, aunque no desperdicio el halago, que posadas en este pueblo, que es de paso obligado, no hay más que esta y aunque siendo sola e impar, no es malo el trato que se muestra, la comida que se da y el cuerpo que la sirve.

FRAILE:        ¡Ay señora!, no os quedáis corta en alabanzas, ya que este plato que pruebo y el veros a vos son de la misma exquisitura, el cordero por el sabor y vos, aunque madura, sobria y dulce como un melón.

ISABELA:      ¿Cómo un melón?

FRAILE:        Si, señora, como un melón. Tierno y jugoso en estival espera…

“Esto es la guerra”

ESCENA I

Asoma el sol al cielo. Los pajarillos regalan sus trinos al rocío de la mañana. El olor del campo felicita al día. Los grillos duermen las alas del cortejo sobre sus lomos fatigados. El aire cosquillea a las mariposas enamoradas. Adorna la estampa el sonido de la brisilla que se escapa de entre las hojas de un manzano ambiguo, ya que la frontera, punto exacto del conflicto, insiste en dejar a un lado sus raíces y al otro sus fruto.

Observa, curioso, el sol en el cielo. Los pajarillos cierran el pico. El rocío se evapora. Los grillos brincan en lamentos. Las mariposas se apresuran en abrochar sus colores. Las pisadas impetuosas de los generales han roto la sinfonía de primavera. Cada uno, desde su lado, va a recolectar del árbol lo que le pertenece. Ensimismados en su posesión y en sus dominios no se percatan de la presencia del invasor.  Enredados entre ramas y manzanas, coinciden en esfuerzo al tirar del mismo fruto.

 

GRAL. PLUS.:           ¡Eh, oiga! ¿Pero qué demonios está usted haciendo ahí? Habrase visto semejante desvergüenza. Está usted robando al glorioso estado Plusdiestro, suelte inmediatamente lo que ha cogido, ¡ladrón, caradura, asesino!…