A la fuga

Viajero: Uagghhh… uagghhhhh….

Baúl: ¿Qué te pasa? ¿Estás malo?¿Cogiste la gripe A?

Viajero: Noggg… es que me estoy poniendo en situación…

Baúl: ¿En situación? Pero, cómo que en situación. Me estás asustando ¿A qué te refieres?

Viajero: Es que el cuento (Adeun se pone dentadura y no puede hablar, luego se la quita) que voy a empezar a contar tiene que ver con algo así…

Baúl: Quita bicho. Céntrate de una vez.

Viajero: Estoy como el personaje del cuento buscando un lugar.

Baúl: ¿Cómo que un lugar?                   

Adeun: Sí, verás,  ha llegado desde transilvania para quedarse entre nosotros…

Baúl: ¿Transilvania? ¿La historia de hoy va de vampiros?

Viajero: Siiii… de vampiros…. Y mordeduras.             

Baúl: ¡Qué sepas que estoy temblando aunque no se me note!

Viajero: Pues es para echarse a temblar; tú y cualquiera que caiga en su terrible tentación ufmfmfmfmf… Aquella madrugada oscura y húmeda llegó a La Laguna (sonido de campanas) un carromato procedente, como ya te dije, de Transilvania. Alojaba en su interior a un misterioso pasajero. (Aullido) A su paso aullaban los lobos.

Baúl: ¡Espera espabilado! ¡En La Laguna no hay lobos!

Adeun: Bueno… dejémoslo en perros con malas pulgas. Huían los gatos (sonido), chillaban las ratas (sonido), los grillos se callaban (sonido), se callaban, silencio. Y ululaban los búhos…

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La cajita de música

Bajo la ventana del taller la tela arrugada esconde la pieza maestra del juguetero. Una preciosa caja de música articulada que él mismo ha construido. Cada día pone a prueba sus engranajes.

 Un incesante subir y bajar de escaleras lo mantiene ocupado. Revisa los últimos datos en la sala de máquinas y anota cualquier variación. Calibra palancas y contrapesos. Regula niveles y movimientos. Una labor de años que cada día repite como si fuera él mismo una máquina exacta.

Aquella mañana mientras comprobaba mecanismos en la sala del sótano, algo, en el taller, parecía moverse a su antojo bajo la tela. Un tintineo de cascabelillos susurraba secretos de un lado a otro.

El corazón y el fuego

Toda historia de amor empieza con el desencuentro hasta que surge el encuentro. Es la premisa de los primeros besos que no existen. Luego de las dudas y el deseo brota el derroche y el amor triunfa cogidos de la mano. Pero hasta entonces el camino es tortuoso y sembrado de inciertos. Como aquel que les tocó vivir a dos corazones solitarios que nunca se habían encontrado hasta que lo hicieron. Lo particular de esta historia es el curioso hilo de la distancia. Y lo digo porque viviendo en la misma ciudad, en el mismo barrio y en el mismo edificio jamás se habían cruzado. Buscar la justificación de este hecho pertenece al misterioso mundo del azar. Pero a la simpleza del relato no le corresponde desvelar lo mágico del Deus ex Machina. A mí sólo me corresponde narrar sus idas y venidas y entender sus costumbres. Son ellas las que determinan sus vidas.

Chus La Banda

Chus tenía nombre de estornudo porque se constipó un día en que llovió y salió fuera de la colmena para contar las gotas de agua. Chus vivía en un panal que tenía la forma de un melocotón. Colgaba de una rama de peral, cubierto con millones de hojas que lo protegían de la fuerte luz de la mañana. Largas curvas le daban el aspecto de una perfecta esfera llena de miel…

La familia Peluzco

 La familia Peluzco podía pasar horas peinándose antes de salir a la calle. Eran conocidos por lucir extravagantes peinados y gastarse generosamente su dinero en champú, peines y mucha laca. Decir Peluzco era sinónimo de alta peluquería. Atraían las miradas en cualquier reunión social. Entre la multitud, se les identificaba claramente fijándote sólo en sus elaborados peinados: en forma de barco de vela, de templo budista o de selva amazónicaSe contaba de ellos que si trenzaban todos los pelos de la familia, se podría fabricar una soga tan larga como la distancia a Saturno. La felicidad de la familia Peluzco era reconocida por sus vecinos. No podían ser más dichosos. Eso pensaban ellos también hasta que un mal día todo se torció. El pequeño Javier, su único hijo, comenzó a portarse de forma muy, pero que muy extraña…

María inventaba horizontes

María inventaba los horizontes más bellos que jamás nadie soñó. No sé cuando aprendió a desarrollar esa habilidad, lo cierto es que desde muy chica se la veía ausente, mirando fija hacia cualquier distancia que quedara interrumpida por un muro o por un cercado de maderas…

Bajo la alcantarilla

Bajo la alcantarilla se extiende un mundo lleno de maloliente oscuridad. Miles de conductos resguardan de la luz del día a toda clase de siniestras criaturas. Lo habitan seres que esconden sus formas entre desagües y cañerías. Monstruos que con sigilo mueven sus cuerpos recorriendo los túneles de la ciudad buscando algo que comer.Los húmedos suelos son testigos de sus pisadas hambrientas. Y es que si la suerte los acompaña encontrarán, bajo la gran reja, el ansiado desperdicio caído del mundo de la superficie.Entre marañas de comida rancia agitan sus largos brazos. Sacuden sus peludas axilas buscando restos de alimentos. Es una entretenida labor que tararean con profunda voz: “revolver y rebuscar es lo que nos gusta más”…