Déjame sin alma

Escena I

ANDREA: Soy una más de las miles de madres que deseamos lo mejor para nuestros hijos. Un hijo es lo que más duele en el mundo. Yo he luchado por el mío y aunque ya no tenga fuerzas y sólo piense en morir, lo seguiré haciendo aunque que él no quiera. Hace un mes que mi marido lo ha echado de casa. No paro de llorar desde entonces. Ese es el precio que hay que pagar por un angustioso rato de paz. La convivencia se fue agotando hasta que se volvió insoportable. Las peleas se repetían desde que entraba por la puerta de casa. Te pasas las horas buscando un culpable y no se arregla nada con eso. Cuando te das cuenta simplemente ya es tarde. Te levantas un día y ya nada es igual.  Entonces todo se viene abajo. Poco a poco se te ha ido de las manos y ya no sabes qué hacer. Se te va de las de las manos… pero no del corazón…

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